Hace 5 años, se abrió un mundo de cosas que jamás hubiese imaginado. En el que de a poco fui entendiendo el poder de las mujeres, el poder que tenemos al generar vida, al sostener vida y al acompañar el crecimiento de pequeños seres.

Somos testigos de un proceso maravilloso, que tiene momentos lindos y otros no tan lindos, algunos muy complejos y que revuelve un montón de cosas de nuestra historia personal.

A la par, también veo que hay mucha responsabilidad (obvio, criamos seres humanos) y mucha culpa, y con la culpa, se abre otro inmenso mundo. Trabajo muy duro en mi, para erradicar la culpa, aunque siempre vuelve a encontrarme, y aunque siga encontrandome, voy a seguir peleandole para desterrarla. Por qué? Bueno, la culpa no sirve para nada, me hace sentir mal porque siento que hice algo mal, pero a la vez me paraliza, no veo qué puedo hacer al respecto y todo ese poder que realmente tenemos para crear, sostener y criar, se nos disipa en el aire.
Creo que tenemos que recordar nuestro poder, recordar en la mente, pero sobre todo en el cuerpo, habitar nuestro cuerpo. Y esto lo digo para los que estén leyendo, pero también lo digo para mi, porque no estoy exenta de todo esto, porque también el ritmo me lleva a veces y tengo que volver, reconectarme. Es necesario entender nuestra historia, desde un lugar de poder, de poder tomar lo vivido y transformarlo en herramientas para nuestro presente. Revolver el pasado es doloroso, pero entenderlo es necesario, para pararnos, tomar nuestro poder y caminar este mundo.
Creamos en nosotras mismas. Somos poderosas, creamos vida.


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